Es uno de mis postres favoritos y durante años y años solo habia comido una vez en mi vida (en casa de mi tia) un par de años después cuando andaba en rancagua haciendo la primera practica se volvió algo más recurrente, gracias a que mi prima y el que era su macho en ese momento me invitaban a comer cositas ricas bien seguido y yo después del pastel jaibas siempre pedia una leche nevada.
Pero el tiempo pasó y yo volví a mi pueblo de siempre, con los postres de siempre y la leche nevada pasó a ser una especie de recuerdo añorado de un pasado delicioso, hasta que en uno de esos arranques de mujer hacendosa me lancé a la vida y la leche.
Aparte del sabor maravilloso, me encanta el proceso de hacerlo, lo encuentro tan mágico, adoro el merengue, es uno de mis sabores favoritos (y crecer con un padre con colesterol de 360 me alimentó más el visio) pero además lo encuentro tan bonito, me gusta cuando esta con azúcar y brilla, se me imagina la antartida, todo blanco, en el bowl blanco y pasar la batidora de un lado a otro para que al medio de las aspas se forme antartandes y me imagino una carpita, un par de esquíes y unos hombresitos chiquititos aventuriando por mi merengue y después, maravillosamente, ese manjar de dioses se pone durito para convertirse en icebergs arriba de la mezcla de leche con dejo de vainilla.
Quiero vivir en antartica...
...o en el bowl del merengue.
